Chema's profileMás allá del bien y del ...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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6/27/2005 ¿Algo por lo que morir?La relatividad de nuestras perspectivas condiciona nuestras obsesiones hasta que nos percatamos de su propia relatividad. Nadie moriría por un ideal, véase democracia, libertad o la imposición del islam, si no le importase un carajo. Y es claro que por cada hombre capaz de morir por lo que piensa, hay miles que ni siquiera piensan lo suficiente como para tener algo por lo que morir. ¿Qué cambia en el que muere por lo que cree respecto de los que no encuentran en el mundo idea más valiosa que su misma vida? La relatividad de sus perspectivas. ¿Ello hace a uno más heroico que al otro, le convierte en un símbolo, le hace ser más grande que un ser humano normal? Para sus correligionarios sí, para el resto es un loco. 2/3/2005 La virtudTú, que has caminado entre los hombres sintiéndote más que un hombre, que has campado en sus estancias y has bebido de sus vasos, siendo uno más, pero sin ser. Tú, que con tu inteligencia asombrabas a los sabios y con tus dudas convencías a los indecisos, que con tu juicio aplastabas a los réprobos y a los errados. Tú, que con tu voz has humillado y enaltecido, que también has seducido. Has ganado y has perdido, pero esta vez lo has perdido todo. Pero, ¿por qué? ¿Qué te falta? ¿Qué era lo necesario?, ¿qué lo imprescindible? Has tenido templanza, agilidad, has sido brutal y preciso en tu criterio, has sido brillante, has sido hermoso. Has sido malvado... ¿Qué te faltaba para ser un hombre, qué virtud ha permanecido ausente como égida para cubrir tu flanco herido, ese por el que la lanza ha traspasado el corazón? Sólo ha podido ser una cosa, una virtud, un escudo. Sólo ha podido ser la paciencia. 1/30/2005 Dolor¿Cómo soportar la carga de esta irreversibilidad? La plenitud del presente ha dejado paso a la nostalgia del pasado. La eternidad no es ya la eternidad, sino mero recuerdo. Cuántas conductas injustificables, cuántos falsos testimonios, rompen el amor. Cuánto arrepentimiento, cuánto dolor... Pero, ¿de qué sirve ya? De nada, Solón, sigue llorando, porque no sirve de nada. Por esa razón debes llorar. 1/29/2005 ¿Por qué más allá del bien y del mal?En la moral todo es cuestionable, y como la moral es la distinción fundamental del ser humano en cuanto a tal, qué mejor que hablar de la cuestionabilidad de la moral para poder cuestionar al ser humano. Si uno sabe crecer lo suficiente intelectualmente, llega un momento en que se pregunta por las razones de sus actos, y también por las razones de sus omisiones. Vivir es una gran omisión, una gran carencia de violencia y decisión frente a la inercia, que puede surgir de la indeterminación o de la motivación, que, como veremos, en ausencia de ciertos elementos estructurales no deja de ser falsa motivación. Beber, comer, dormir, hacer el amor... Qué gran trampa de la naturaleza para autoperpetuarse. Cuando uno crece lo suficiente intelectualmente, digo, es cuando, por todo ello cobra de una vez sentido esa frase de Albert Camus en el mito de Sísifo: "el gusano está en el corazón del hombre". El primer mordisco de la corrosión de su roer y roer diario es la formulación de la pregunta: "¿por qué?"Viktor E. Frankl hablaba de la voluntad de sentido... Voluntad, voluntad y voluntad. Sin embargo, no hay más voluntad que la voluntad ciega, ni la voluntad de placer, ni la de poder, ni la de sentido... En absoluto Freud, tampoco Nietzsche... La única voluntad real es la de Schopenhauer: la voluntad ciega. Toda otra voluntad es una pura abstracción figurativa. Si nada tiene sentido, si la naturalidad del hombre es cuestionable, si su razón o su instinto es lo que lo hace fundamentalmente humano, es una pregunta difícil, y en realidad se responde en cada caso dependiendo de con qué se lo compare. En esta tesitura que configura la absurdidad esencial de nuestra especie, nos preguntamos: ¿por qué más allá del bien y del mal? En nuestra lucha por hallar la verdadera moral que nos haga libres, la verdadera moral que nos dé ese "por qué para cualquier cómo", del que hablaba la Genealogía de la Moral, es donde hincamos las rodillas en el suelo y nos quedamos sin Dios. No sin el Dios judío, musulmán, o católico (desde luego no sin éste último, que se ha vuelto tan iconoclasta a través de los siglos, y sobre todo tras la Contrarreforma, con todas esas procesiones, que más bien parece un tótem), sino sin el espíritu universal, que lleva a nuestra conciencia a creer en el sentido trascendental de la vida. Podemos decir más bien que se nos libera de la sustancialidad y significatividad de nuestro destino, porque se nos arranca el destino, el "amor fati", y se nos inserta en la vida dura del animal que renuncia a su condición, para ser siervo de los mitos, pero sin poder, por conciencia, servirles. ¿Por qué, entonces, más allá del bien y del mal? El hombre es un instrumento de la naturaleza. El genoma usa a las especies para persistir y perfeccionarse. Sin voluntad, sin pensamiento... Más bien una voluntad ciega, schopenhaueriana: sólo con un afán puro y creador, para mantener las cosas plenas de energía y en movimiento, siendo sustituidas, por corroerse y no poder ser eternas. Si el único que puede ser Dios es el único que puede ser eterno, entonces nuestro Dios es el genoma, la naturaleza, dicho más coloquialmente. Que el hombre es una criatura creada con conciencia, a nadie se le oculta... Que su conciencia es un relámpago entre dos oscuridades, como citaba Unamuno, no ha podido ser refutado. Dado que el hombre se inserta en esa instrumentalización de los seres vivos por el genoma y la naturaleza, única creación irrefutablemente eterna, entonces, ¿qué importa su conciencia? ¿Cuál es el espejo en que puede reflejarse el hombre en su búsqueda del referente supremo de su moral? Es Dios un referente moral, ¿eternamente bueno, totalmente todopoderoso? En esas circunstancias más nos valdría tener miedo, porque el bien es el último reducto del hombre fuerte. Cuanto más poderoso se sea, más tendencia se tiene hacia el mal: eso nos ha enseñado la naturaleza humana, que es, dice el Génesis, "a imagen y semejanza" de la de Dios. Pero, ¿cuál es en realidad la naturaleza humana? ¿Cuál es el espejo moral del hombre, en ausencia de Dios? La naturaleza, no la del hombre, sino la del mundo, es siempre cruel y dura en su inescrutable firmeza, presta a impulsos imprevistos y destructivos, sin consideración por los seres con conciencia, que lloran sus pérdidas y sus defectos. Así pues, si la naturaleza es, como hemos argumentado, lo único obviamente trascendente, y su comportamiento es esquivo, ruin, pero también creador y hermoso, he aquí, en esta dialéctica, nuestro referente. Las consideraciones morales son siempre falsas, porque la naturaleza las ignora, y al ignorarlas, las desprovee irremisiblemente de importancia, al eliminar la posibilidad de su perpetuación eterna. Siempre más allá de la moral: siempre más allá del bien y del mal. Fijémonos en que, al margen de los confusos ecologistas, nosotros tenemos muchas más cosas aún por perdonar a la naturaleza que la naturaleza a nosotros. ¡Olvidemos el perdón, y seamos así trascendentes, como nuestra única madre común! Quizá este sea el único modo de que la naturaleza se apiade algún día de nuestra vejez. |
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