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Más allá del bien y del mal

Ambiguo y sin conciencia...
11/10/2007

Impasse

Uno sólo vive cuando se mueve, y si realmente vive, uno tiene la necesidad de moverse.
 
El resto es una lucha contra el tiempo, contra sí, contra la incertidumbre que ataca la decisión, y contra (o en) el aburrimiento.
 
Porque es él, el aburrimiento, la mayor fuerza creadora. Aniquilándolo, hago huir la sombra de la muerte, que tan calladamente asoma tras los silencios.
 
El mundo mismo es una creación del aburrimiento, del que es consecuencia también (como cada cosa) el amor. Cada momento está horrendamente imbuido de caducidad: "die Schönheit ist vergänglich". Sin embargo, todo puede ser a la vez efímero y eterno, ideal y prescindible. La felicidad es una creación hormonal, y cualquiera puede producirla. Cada valor es a un tiempo relativo y absoluto.
 
El gran error es llegar a creer que conformarse sirve de algo...
2/21/2007

Sobre la coacción pasiva

Existe en el complejo campo de la psicología humana un fenómeno que, a mi juicio, no ha sido lo bastante atendido o desarrollado por los especialistas. Mediante su delimitación será seguramente menos complicado percatarse de su surgimiento y contribuir a hacernos un poco más libres frente a la influencia deliberadamente malvada de individuos inteligentes que, desprovistos de escrúpulos y llegando casi a cuadros psicopáticos, desarrollan como un instrumento de "lavado de cerebro".
 
Las líneas maestras de este proceso consisten en someter a la persona a una situación de presión tal que, ante la oportunidad de ver reducida esa presión, haga lo que uno desea, con tal de verla reducida. Se trata de un mecanismo de tensión prolongada o espontánea (aunque siempre tras un proceso previo de aclimatación personal), a cuyo fin se cumple la promesa de reducir la presión durante un tiempo determinado para luego, buscando una nueva excusa, darle comienzo de nuevo. Cuanto mejor y más creíble sea la excusa que hace regresar la presión, más predisposición tendrá la víctima a ceder de nuevo ante una promesa de cese definitivo de ésta.
 
La manifestación más eficaz en cuanto a credibilidad y presión, y aquel sin el que no cabe concebir el objeto de la explicación, es el sentimiento de culpa. Es creíble, porque si se desarrolla correctamente en la víctima, verá nuestro propio conflicto como un conflicto propio y es instrumento de presión, porque crea en la persona una nueva necesidad interna, caracterizada por la angustia, de la que no podrá librarse en tanto en cuanto no satisfaga nuestras necesidades, que ahora entenderá como suyas.
 
A este fenómeno, peligroso en cuanto puede producir daños irreparables en la persona (y tanto más eficaz cuanto mejor persona sea), lo llamo coacción pasiva (en oposición a la coacción activa o "Nötigung").
 
Tras un período de confianza más o menos largo, en función del carácter de la víctima, en que le mostraremos que somos todo lo parecidos a ella y todo lo buenos que podamos hacerle creer, esperaremos el momento idóneo para crear una situación crítica, en que habremos inculcado en ella el sentimiento de culpa (a costa de situarla como principal causa, voluntaria o no, de males terribles) y la obligaremos de forma pasiva a tomar una decisión sobre satisfacer o no nuestras necesidades, a costa de asumir de lo contrario una culpa inmensa.
 
De este proceso crítico, que puede durar tan sólo unas horas (y que sólo adquiere visos de efectividad si los prolegómenos han sido exitosos), pueden surgir sentimientos irresolubles en la víctima, de trauma y desconfianza, habiéndose observado en más de una llegar al llanto, a la negación de sus propios deseos con tal de hacer desaparecer el sentimiento de culpa (que hábilmente el verdugo ha creado) o la presión externa, y por último, a una concepción caótica de la vida, con posibles salidas inesperadas.
 
De estar preparados para este tipo de presión, sutil y difícil de detectar, pero sin embargo, objeto de los más dolorosos casos de maltrato, por cuanto destruyen a la víctima directamente desde dentro, depende en buena medida la libertad en nuestras relaciones personales. Debemos comprender bien que el egoísmo no tiene límites, y que cuanto más inteligente es el malvado, tanto más dañina y más difícil de advertir es la maldad.
2/16/2007

Las simpáticas chicas de Klaipeda (Lituania)

 
Cuando el septiembre pasado visité Lituania, me hice con un catálogo turístico de Klaipeda, ciudad portuaria occidental del país (registra uno de los mayores volúmenes de tráfico naval en el báltico). Como no dejó de sorprenderme lo que decía (en inglés y alemán, lenguas ambas que entre otras domino :D), lo reproduciré aquí tal y como está escrito, para asombro de las masas:
 
"Klaipeda girls are very attractive and sexy, especially for the relaxed foreigners. Don't bring casual friends to your apartment, because next morning you will miss yesterday girls, your money, personal belongings and good mood".
 
Cuando lo leí, como no podía ser de otro modo, me partí de risa. ¿Cómo promocionar tu ciudad, llamando a las chicas ladronas y pidiendo a los extranjeros que se alejen de ellas? Lituania es un país que registra un enorme tráfico de jóvenes con dinero (franceses, alemanes, suecos...) y muchas ganas de encontrar chicas más guapas, o cuando menos más exóticas, que las de sus países (lo que en el caso sueco es casi una paradoja, pero ocurre): parece más bien que el parrafito del catálogo este va más dirigido a evitar el "turismo sexual", y a promocionar otro tipo de turismo, como el que se pasa el día en museos y restaurantes para evitar que al salir a la calle te atraquen, o las "peligrosas" chicas lituanas te lleven al catre y luego te dejen seco.
 
Eso sí, el catálogo, después de soltar perlas como "car thieves in Klaipeda are very fast and furious" XDDD, "be careful and keep your money, documents and personal belongings in a secure place, close to yourself", o "drunken foreigners are regular and easy targets for robbery", no se corta en terminar diciendo: "even if you stay in Klaipeda was gloomed by an experience, many citizens welcome you and wish you the best!". Para descojonarse.
 
Mi novia me ha confirmado lo de las ladronzuelas, que después del polvo te desvalijan (aunque eso sí, que te quiten lo bailao: siempre serán mejores que las españolas, que te desvalijan directamente sin pasar por eso). Pese a todo, cuando le pregunté si además había casos como los de las leyendas urbanas, en que te quitaban un riñón y te dejaban en la bañera llena de hielo con una nota para que llamaras al médico, si no querías desangrarte, me lo desmintió. Al menos, aún nos queda algo de esperanza en esas jovencitas de ojos claros...
12/1/2006

Irgendwann in November

Ayer terminó el mes en que de verdad te conocí. ¿Quién olvidará ese November de Juli, los paseos por el lago, o tu sonrisa de niña? Un día nos sentábamos en las raíces de un árbol y contemplábamos el agua en calma desde la orilla, otro una catedral inmensa se alzaba ante nosotros, la noche lo envolvía todo en los jardines del castillo, junto a las estatuas mutiladas y el ladrón de miembros, todo en un saco. La marihuana caía sobre la cama en forma de ceniza que yo no quería limpiar, y mientras me mirabas a los ojos, con los tuyos, que eran un espejo... La misma cicatriz, los mismos errores. Tu pelo del color del fuego, olvidando mechones sobre mi almohada, en las mañanas frías del otoño de Berlín. Ponías mi nombre con letras de color en una pizarra, y luego me decías en broma "fick mich", y los dos nos reíamos con las tonterías medio enfermas del Haus der Kulturen der Welt. La luz tenue de la Casa de la Literatura, junto a Ku'Damm; los turcos haciendo sonar sus bocinas, tapando nuestras voces, a lo largo de todo el Bulevar de la Iglesia del Recuerdo. Tú y yo haciéndonos fotos en el corridor, la gente que no te conocía al salir al servicio...
 
Recuerdo ese mes de diciembre, esa navidad adelantada, llena de luces, de tipos vestidos de Nikolaus bailando en un escenario, bajo el paraguas, cogida a mí, paseando sobre la nieve hecha una pista de hielo. El barrio Nikolai, con sus coros a la puerta de las Iglesias, los paseos junto al Spree. El Reichstag con su cúpula refulgente, a las 5 de la tarde en la noche más cerrada. Tu pelo rojo y tu piel blanquísima, casi desnuda sobre la cama: eras una princesa del norte, un ángel perdido en un mundo ignoto... Sólo te faltaban las alas. Porque tú fuiste quien me enseñó a decir Flügel en alemán, contigo volé hasta que las perdiste.
 
Aquella noche del mes de noviembre cruzamos el umbral. El último episodio de nuestra infancia no tuvo un final feliz. Todo lo que pasó a partir de entonces fue de verdad. Las que vinieron después de ti no eran más que sombras... die geile Zeit war vorbei. Quiso el destino que volviera a verte, pero entonces ya todo era distinto... Tus ojos ya no eran esos que me buscaban entre las sábanas. Lo bueno que aún podíamos darnos se había agotado, y yo ya había conocido a la princesa de todas las princesas, la perla más pura del este. Esa que de verdad me espera, esa que tú nunca hubieras podido ser.
 
Mientras subías en tu bici y te alejabas, sabía que nunca más volvería a verte. Como también sé que nunca hubieras podido esperar: demasiado parecida a mí, sobre tu montaña de engaños y tu inocente arrogancia. Tu pelo brillante, ni rubio ni rojo, sino mezcla de colores: bunthaarig, rothaarig statt. Fuego que agitaba el viento... el que aún cubre algunos sueños.
 
Ojalá pudiera escribir esto en tu idioma, pero nunca intentaré aprenderlo. Porque, al final, todo terminó como la canción: "Irgendwann in November werden wir uns nicht mehr sehen".
10/7/2006

Lituania

 
He actualizado el espacio, incluyendo algunas fotos de mi reciente viaje a Lituania en las carpetas de Klaipeda, Palanga, Nida, Vilnius y Trakai, nombres de las respectivas ciudades que he visitado con mi chica.
 
Os recomiendo que las veais y os detengáis en observar la peculiaridad y la belleza de este país tan único.
 
Es una pena que muchos de los buenos momentos y magníficos lugares vividos y contemplados allí, entre otros las salidas de noche, los espectaculares paisajes nocturnos o los bosques absolutamente cerrados y los innumerables lagos que podían observarse desde la carretera en los distintos desplazamientos, no hayan podido quedar recogidos en fotografías, pero uno no puede estar siempre con la cámara en la mano.
 
Probablemente escriba un post comentando mis pareceres sobre el lugar, y mis distintas impresiones, pues acudir a este país me ha creado varias e interesantes opiniones y ha contribuido a destruir diversos tópicos que tenía preconcebidos sobre el este de Europa, después de visitar Polonia...
5/29/2006

"Vente a España, esto es el paraíso, la policía ni te toca"

Después de leer la noticia que seguía a este titular en Periodista Digital, y a la vista de la escalada de barbarie que se vive en España, no puedo evitar hacer una reflexión.
 
Lo primero que debo decir es que todo esto es profundamente vergonzoso. En Berlín cada episodio de violencia con resultado de heridas más o menos graves es objeto de noticia, porque resulta llamativo y aislado en un ambiente de paz, convivencia y respeto. Aquí tenemos barrios como Neukölln, donde la violencia no es aislada, pero afortunadamente se circunscribe a esos barrios, donde casualmente (o más bien no) hay una gran mayoría de extranjeros inmigrantes mal integrados.
 
Recientemente hemos vivido el caso del borracho de 16 años, procedente del citado barrio marginal, que tras la inauguración de la Estación central berlinesa, hace pocos días, se puso a acuchillar a la gente a diestro y siniestro hasta llegar a herir a 35, sin resultados letales. Debo decir que en ese momento yo pasaba por allí, y no me tocó encontrarme al loco por pura cuestión de tiempo. Un episodio, sí, de violencia. ¿En qué se diferencia, sin embargo, de lo que hubiera sido un suceso parecido en España? a) el sujeto fue tras menos de 15 minutos reducido y detenido por la policía; b) las leyes se van a aplicar sobre él con toda su dureza, sin cartas en la manga: ese chaval probablemente ha arruinado su vida, y su castigo será en cualquier caso justo; c) se trata de un suceso sin precedentes recientes en la ciudad; d) la sociedad lo excluirá y se avergonzará de él durante muchos años; e) la televisión hace una campaña constante en los informativos intentado explicarse el porqué de su acción, para así prevenir futuros sucesos (aquí no hay tiempo para las gilipolleces del cotilleo, a la sociedad le interesan cosas más importantes que la agonía de una cantante de sevillanas).

Si nos vamos al norte, en Suecia, por ejemplo, que ocurrieran cosas como las vistas en España, esos episodios de violencia extrema e incontrolada producidos por las bandas organizadas extranjeras, que son a su vez fruto de la permisividad y la esquizofrenia de las leyes españolas, sería (aunque sólo se dieran una vez en esa intensidad), objeto de un intenso debate social, político y legal, que desembocaría en una forma de atajar y solventar de inmediato el problema.

En nuestro país, sin embargo, las autoridades postergan indefinidamente la solución, mientras los crímenes se recrudecen, las leyes están mal planteadas o se edulcoran por los jueces, y las bandas se asientan, se expanden, echan raíces y se vuelven más y más confiadas en vuestro entorno.

Esto ya no clama al cielo, clama al sentido común y al respeto por la vida y la dignidad de las personas. Dos preguntas: 1. ¿cómo han entrado en España delincuentes con antecedentes de participación en guerras bárbaras y delitos contra la humanidad? 2. ¿por qué creen que en España van a poder delinquir y enriquecerse con más libertad, a costa de la pasividad del castigo?

Se ríen de España, se ríen de los españoles, nos roban, nos amenazan, rompen nuestro concepto occidental de la vida basada en el respeto a la dignididad y a la propiedad de las personas, nos llevan a situaciones extremas donde si nos defendemos somos castigados por nuestras propias leyes, y lo que es peor, nos arrebatan la seguridad e instalan en nuestro día a día el miedo por nuestras cosas, nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

Es repugnante, absurdo e indignante hasta lo más profundo que esto siga pasando en un país como el nuestro. Yo, por mi parte, estoy deseando acabar mis estudios para recoger inmediatamente mis cosas e instalarme definitivamente en Alemania o Escandinavia (por fortuna sé idiomas), donde uno se siente seguro, cobra más, la moral sexual no tiene la agresividad, la vergüenza y la represión heredada por el catolicismo en España, y las sociedades son más solidarias, avanzadas y respetuosas.

Por lo que a mí respecta, España puede irse al infierno, yo ya he dejado de confiar en mi país. Siento al respecto la sensación que me recorrió cuando visité Polonia occidental. Vi pobreza, desorganización y una clase media reducida, con una clase política que no daba opciones serias para crecer sin robar a base de artificios a su pueblo. Sencillamente, no merece la pena esforzarse. Cuando los pueblos están acostumbrados a tragar y tragar sin parar y se vuelven resignados, ya no tiene sentido hacer nada por ellos.

Que España descanse en paz. Saludad al país del crimen, el separatismo, la inseguridad y la envidia. Este ya no es mi país. ¿Sigue siendo acaso el vuestro? Salid a la calle y abrid los ojos.
4/11/2006

Berlín

Desde que estoy en esta ciudad, he experimentado la cara y la cruz de la experiencia Erasmus; he vivido intensamente, y con libertad y, tras algún tropiezo, responsabilidad. No he dudado en ir a por lo que quería tener, con decisión e inteligencia, y no he fallado en mis objetivos. Aunque cuantitativamente aún no haya alcanzado la cifra que esperaba, cualitativamente he superado con absoluta holgura mis previsiones.
 
He conocido lo mejor y lo peor de esta ciudad: la decadencia y la nobleza, la vida nocturna y el día, el presente y la historia, el amor y el desamor, la nostalgia y la diversión... He visto cada uno de los rostros de este lugar increíble, y llevándolo dentro, me ha cambiado.
 
Porque yo he pensado, he sentido emociones sinceras por otras personas, he llegado al límite de mi paciencia, he fracasado, he triunfado y he vivido en alemán. Y asomándome a este país, he visto cuán distintos somos y cuán equivocada era mi idea sobre Europa. Ahora sé muy bien cómo se mueven las gentes de este continente y cómo deberían moverse en el futuro.
 
Y no me cabe duda de que los meses que todavía quedan seguirán siendo intensos y únicos, sin tiempo para pensar, sino sólo para vivir. Porque después habrá mucho tiempo para pensar, pero poco para vivir, es mi deber exprimir este tiempo como si fuera el último de mi vida. No hay palabras para expresar cómo ha cambiado mi visión de las cosas desde que estoy aquí.
 
Lo que antes en Europa significaba la frase "Civis Romanus sum", ahora la lleva implícita "Ich bin ein Berliner". Así pues, deciros a todos, por mi apego a la libertad en todos los aspectos de la vida y mi fe en la inteligencia de las personas para ser responsables con ella: "Ich bin ein Berliner". Ich hoffe, dass ihr auch ein wenig daselbe seid.
9/6/2005

Yo sobreviví a la mafia senegalesa

Hacía tiempo que no me ocurría algo tan peculiar, y a la vez tan peligroso. Casi como tras una experiencia cercana a la muerte, después de ayer, algunos cuantos vemos la vida de otra forma... Trataré de no extenderme demasiado, aunque la historia es larga y requiere muchas precisiones.
 
Ocurrió en Gaviria, como tantas otras cosas. Pero esta, vez la experiencia no fue tan gratificante como otras (en realidad sí en parte, pero eso no lo contaré aquí...). Libres temporalmente de exámenes, tras superar el temible escollo de Administrativo, y compelidos por las ganas de salir de Luis, decidimos pasar la que quizá haya sido mi última noche de fiesta en Madrid hasta dentro de un año. Como era posible que lo fuera, una visita al Palacio se hacía imprescindible. A ello ayudó que junto al oso y el madroño, hubiera un panchito occidentalizado repartiendo panfletos para entrar gratis con invitación a Caipiriña. "Fiesta brasileña", ponía. La cosa prometía, así que después de un rodeo por los pubs de sol, tan llenos de recuerdos del curso pasado, nos pusimos de acuerdo en acudir a la discoteca madrileña que es, y en eso no tenemos duda alguna, nuestro sancta sanctórum.
 
Antes de salir de la residencia, aún bastante vacía, pero con mucho carismático campando ya a sus anchas, tomamos como compañero de andanzas nocturnas a un estudiante extranjero. Me había saludado ya esa misma mañana, al visitar a Eriko (del que algunos se atreven a decir, se parece a Toby McGuire), en un inglés arrastrado y con acento de la Rusia profunda. Era georgiano, de la tierra de Stalin. Aunque por sus rasgos redondeados, se me ocurrió decirle "you're like a manchego-aragonés". Hubo risas, porque al parecer todo el mundo decía que lo que tenía era una cara de eslavo que no podía con ella. En cualquier caso, si se hubiera puesto a bailar una jota, yo no lo habría sacado de contexto. El hecho es que el chaval no hablaba ni una palabra de español (miento, sabía decir "buenos días"), así que no se enteraba cuando nos referíamos a él como "el armenio", y otras cosas menos suaves. Alto y fuerte, como era, no teníamos ni idea de lo bien que nos iba a venir para sobrevivir esa noche, aumentando nuestro número...
 
A nuestra entrada al palacio pudimos ver que estaba semi-vacío, con un cúmulo de gente hacinada para pedir bebida y una única sala de baile abierta, con muy poca gente aún. Era la típica escena de comienzo de la noche en Gaviria. La gente que ahora pedía sus Caipiriñas gratis, a los que nos sumamos, a eso de las 12 y media habría llenado la sala. El "armenio" hablaba de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo estaba callado y observando como un santo. Puede que interiorizando la experiencia... Más bien porque no tenía ni puñetera idea de cómo decir nada inteligible... El caso es que pasamos a la sala, y dimos unos pocos rodeos. Yo ya estaba bastante puesto entre la caipiriña y lo que vino antes (la indispensable sangría preliminar de las noches de fiesta y los chupitos gratis de sol...), así que hice de las mías, con la rapidez que acostumbro.
 
Pero al poco de llegar, se desató el caos. Cuando volví del servicio, vi a mi compañero y a Luis muy tensos. Hablaban entre sí como para decidir qué hacer, mirando hacia todos lados. Cuando me acerqué, Ilde me dijo: "no mires a los negros que tenemos detrás". Así que lo primero que hice fue volverme y mirarlos. Uno de ellos era casi tan alto como yo, llevaba puesta una gorra de visera y vestía muy bien. Parecía un negro de Harlem venido a más. Junto a él había otro más bajito, pero también más fuerte. Cuando me giré el de la visera cogía al otro y señalaba en nuestra dirección. Parecía muy enfadado. Sin dar explicaciones, me cogieron, cogimos al georgiano, y nos fuimos hacia el fondo de la sala. Allí, Luis me dio un pequeño adelanto de lo que estaba pasando. Él es policía nacional, y al parecer en una redada reciente, había decomisado una grandísima cantidad de material de contrabando a un grupo al que pertenecía el negro de la gorra, y además, había detenido a todos sus amigos, que ahora estaban en espera de juicio. "¿Y cómo te ha reconocido, si entonces llevabas el uniforme?" "Iba de paisano", me contestó. Entre tanto, los negros, desde la otra punta de la sala, aún seguían observándonos.
 
Salimos al pasillo para deliberar. Después de discutir un poco, y dejándose en parte llevar por mis "tranquilos, que no va a pasar nada, estos nos echan dos miraditas y se van", decidimos regresar a la sala y plantar cara a la que fuera. Desde luego, no íbamos a huir.
 
Al entrar de nuevo, nos sorprendió no ver a los negros por ningún sitio. Pero Luis no parecía haber abandonado su preocupación. Nos dijo: "han ido a pedir refuerzos". Y debe ser que la policía nacional ha dotado a mi amigo de un sexto sentido para estas cosas pero, efectivamente, al cabo de un rato, volvieron con otros tres negros más. Esto ya parecía el Bronx. Ahora nos superaban en número.
Viendo la situación, y en un intento de ver qué hacían, cogimos a un par de chicas americanas con las que estábamos, y nos las llevamos al pasillo. Cual no sería nuestra sorpresa cuando en respuesta a nuestro movimiento, el negro de la gorra había dado la vuelta a todo el palacio para esperarnos al final del corredor y cerrarnos el paso. Dentro esperaban sus compañeros, distribuidos como un comando en varios lugares de la sala. La cosa empezaba a ponerse realmente fea. Fue entonces cuando Luis nos explicó que estos negros pertenecían a la mafia senegalesa, que se dedicaban a todo tipo de actividades de extorsión, contrabando y negocios turbios, y que no había podido detener al negro porque contaba con un "pasaporte diplomático" que le protegía a priori de la justicia española. El tío nos miraba fijamente desde el final del pasillo, con cara de cancerbero, y no se movía de allí. Debatiéndonos entre avisar a seguridad y salir por piernas, nos decidimos a entrar de nuevo en la sala. El negro nos siguió. Estaba claro que querían tenernos controlados para al salir fuera del lugar, aprovechar cualquier oportunidad para pasarnos por las armas y salir de rositas. Pero eso no podían hacerlo dentro. Debían esperar. Y no parecía que fueran a cansarse.
 
Entonces fue cuando mi compañero decidió intervenir... La verdad es que si no hubiera sido por él, la situación podría haberse desbandado. Y actuó como un héroe (viendo al negro, creedme que fue una heroicidad). Se acercó a él directamente. En ese momento estaba solo, pero inmediatamente sus amigos se aproximaron a nosotros, como previendo una situación violenta. A la pregunta de si tenía algún problema, el negro no dejaba de decir "Go ahead! Go ahead! What's the problem with you? I want to talk only with your friend!", acompañándose de gestos muy violentos y una cara de furia difícil de describir. Finalmente Luis se acercó.
 
El tío le tenía un especial rencor, porque en la redada, viéndolo muy joven, le había dicho que no se creía que fuera madero, a lo que Luis respondió sacando la placa y pegándole un guantazo: "¿qué, soy policía o no?".
Los negros iban y venían en medio de la discusión, pero a medida que pasaba el tiempo, y tratando de tranquilizarles, sin forzar la situación, el único que iba conservando las ganas de matar era el de la gorra. Al parecer, el equipo de la policía, según él, le había decomisado un millón de euros en mercancía, y ahora no podría recuperarlos de ninguna manera. Si hubieran sido nigerianos, nos dijo, sus proveedores ya los habrían matado. Pero por lo visto, tenían la "suerte" de ser senegaleses... En el momento de más tensión, dijo que podría matar a nuestro amigo, y después marcharse tranquilamente, pero que él ya estaría muerto.
 
A reconducir la situación ayudó un negrito conciliador de nariz redondeada que nos ayudó a suavizarlo todo (¿quién iba a pensarlo?). Gracias a él y a las buenas maneras de Ilde (que por fortuna no había bebido...), logramos salir airosos. Desaparecieron. Pero por temor a que la cosa fuera a mayores y nos esperasen fuera, pedimos que nos acompañase a uno de los seguratas de la puerta. Una vez fuera, sin detenernos a mirar hacia ningún lado, cogimos un taxi que esperaba en la puerta y nos marchamos de allí echando leches.
 
La noche se saldó en el coche, de vuelta a la resi, con una conversación en inglés con el georgiano, sobre inmigración masiva, y la suerte que tenía Georgia por no sufrirla. Sviart, que así se llamaba (o así se pronunciaba su nombre), pudo añadir a su vida una nueva experiencia. La de haber sobrevivido a la mafia senegalesa... Lo curioso es que en ningún momento pareció darse mucha cuenta de lo que pasaba.
8/16/2005

Quien no haya leído a este hombre, debería llorar al mirarse al espejo

"Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido a mi nombre el recuerdo de algo monstruoso, de una crisis como jamás la hubo antes en la Tierra, de la más profunda colisión de conciencias, de una decisión tomada contra todo lo que hasta este momento se ha creído, exigido, santificado".
"Yo no soy un hombre, soy dinamita. Y a pesar de todo, nada hay en mí de fundador de una religión; las religiones son asuntos de la plebe, yo siento la necesidad de lavarme las manos después de haber estado en contacto con personas religiosas... No quiero creyentes, pienso que soy demasiado maligno para creer en mí mismo. Mi verdad es terrible".
 
Friedrich Nietzsche
8/9/2005

Nota del día

Uno puede ser todo lo malvado que desee siempre y cuando no sea arbitrario.
 
La gente es más propensa a rebelarse contra lo que no puede prever, que contra lo que sencillamente le supone un perjuicio, por grave que sea. Si sabe que puede evitar ese perjuicio si se comporta de una manera determinada, se comportará de esa forma, aunque suponga un comportamiento objetivamente absurdo o contraproducente, o aunque para ello deba olvidar su voluntad primera y obedecer a otra persona. Sólo reaccionará, por regla general, cuando no pueda saber en modo alguno de qué manera comportarse para evitar el mal.
 
Esto es válido, al menos, para cualquier tipo de relación de dependencia, al margen de dónde provenga.
 
Barakas  
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Chema Fausto

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